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LOS TRES ESPOSOS DE LA
NOCHE


Publicado en 2005.



“…archivo plurisignificativo que trasciende espacios para
crecer desde los filones temáticos interiores”  (Miguel Fajardo Korea)


LOS TRES ESPOSOS DE LA NOCHE


Negra cabellera enamorada


-Jorge Luis Borges


Habla la leyenda

de una mujer morena apetecida,

Noche. Seduce los espíritus

con sus joyas profundas y brillantes.

Innumerables son los pretendientes.

Luz negra apasionada,

en un cielo donde lo prohibido no se escribe.

Madre de los dioses, Hesíodo la llamaba.

Diosa que también es aventura.

Dama voluptuosa de ferviente dominio

viste de negro para ocultar sus llamas.

Enamora con mansas brisas 

y se une en orgasmos de luna llena.

Los planetas inflamados son testigos.

La Noche que nunca fue virgen,

visita con frecuentes hechizos.

Es un error creer que sólo se comporta

como cómplice
pasiva

de humos ajenos,

de cautelas olorosas,

de palomas insaciables

de dóciles acontecimientos,

de diálogos húmedos

de la penumbra espesa

que tiene manos, lengua, vapores rojos,

carnes que gritan

gotas de incendio en hornos desvelados. 

Fueron tres sus esposos,

dicen los vikingos en su leyenda.

De la noche el primero, Naglfari,

un príncipe azul o dorado, deseado mancebo.

Satisfizo su ilusa inocencia de amante

en un lapso, fugaz e intenso

como se doma un
fuego joven.

Con él tuvo un hijo amplio, incierto,

puro—Espacio su nombre—

cual la vida por delante

después de romper el compromiso.

La unión duró un momento oportuno

(y no más), enfatiza el mito.

Ella, Noche de muchos, la cortó una vez agotado

el salvajismo sin experiencia de los músculos

que penetraron sus fibras oscuras, enardecidas,

hasta el fondo de lo que es superficialmente penetrable.

Su misterio de mujer permanece en ella,

inagotable, atractiva tras la cabellera desatada.

Libre ya, busca alguien que la consuma y aparte.

La noche conquista.

Bóveda suave de secretos

oculta las semillas del
bien y el mal en sus caprichos.

El segundo esposo, como
en los concursos,

es el que más interesa.

Su nombre es “el Otro” (no tiene otro nombre),

según la leyenda antigua.

Alguien supremamente desconocido

con quien la intimidad puede ser absoluta.

Oido, paño, agua y fuego en el desierto,

cuerpo de fiesta que anima el recinto descuidado.

La noche se le entrega osada, disuelta,

valles y cielos se conjugan

en oscuro juego sin fronteras.

Pájaros, chicharras, silbidos lejanos, cantan, festejan;

vientos nocturnos, respiraciones, pálpitos negros mecen

la seguridad cómoda que el anonimato enardece.

Fácil la entrega. No la acechan ansiosos interrogantes.

Con el Otro sabroso un manjar comparte

de ardores secretos. El silencio no duerme.

A veces apaga cobardemente los brillos.

Y de la Noche (de su vientre hermoso)

y el Otro, nace una hija, que llaman Tierra.

La trágica tierra, hija de la noche y el Otro,

casi huérfana y a menudo confundida.

(En la mitología vasta, también Odin, fue padre

de una hija cuyo nombre era tierra).  

No discute la leyenda si hubo un divorcio

ni la desnudez indescifrable de sus bodas,

mas sí que por fin la Noche, en su madurez opta

por escoger un tercer cónyuge aceptable,

rubio de raza, brillante, prometedor, vikingo

(en conformidad con los cánones casamenteros de las madres).

Amanecer, Delling, su nombre preciso;

nombre reflejo del alma, poder en letras y sílabas,

pausas y horas destinadas.

“The third time is the charm”, dirían en inglés las lenguas
chismosas.

Y del Amanecer y la Noche, diosa acogedora y llena,

nace Día, como
si de la muerte brotase

una blancura concreta y explosiva.

Nace con todos sus dientes.

Desnudo como
niño y como liberada doncella

tomando el sol a sus anchas.

A la familia del
padre se parece.

Hundidos tras ariscas decisiones, sus esposos muertos,

la Noche fértil perdura en el Espacio, la Tierra y el Día. 

Los nacimientos y las muertes de la Noche

no tienen hora, se pierden, se alargan

en la embriagante negrura donde todo crece.

Quienes gozan el amor intenso de sus caricias oscuras

sufren un ardor oculto bajo su cuerpo robusto y suave,

cuerpo de luz y de tinieblas.

(Roque Dalton amó a la vez cuatro mujeres lejanas).

La noche, madre y esposa.

Las tibias sombras que cobijan magias y paradojas inventan

poblaciones invisibles y ciertas,

el paraiso y el infierno.

Negra cabellera enamorada,

la Noche siempre se casa tres veces.

Su piel es como la nuestra.

La leyenda no termina. Queremos hijos.


Publicado
en 2005.



 



 

 


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