EL TESTIGO SE DESNUDA
A Nela Río
¿Para qué escribo?
Para crucificarme y resucitar luego como
tierra húmeda e inocente.
Para ser el último y el primero.
Para detener de una vez el río en la
mano y beber agua.
Para que quienes beban las gotas
sepan que hay río.
Porque los colmillos hacen ruido de frío, piedra y furia
y porque las sombras de mis días y noches pierden todos los
jeroglíficos.
Para que me entiendan y no me
entiendan los que pasean en las calles con sombreros de todo tipo.
Para que quienes entiendan me
inventen sin dolores de espalda.
Escribo para sembrar cenizas de colores en la soledad
vasta y el gran silencio
y porque sin besar, beso, y sin morir, muero.
Y me escapo con las manos llenas de insomnios indignos
para transformar las noches en una luz feliz y el día en dos
sueños rojos.
Escribo para repetirme hasta el olvido y recordarlo en cada
verso
y porque así el principio y el fin se tornan inagotables.
EL PESO DE LOS
CUERPOS
Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo de murmullo de los vientos
-Vicente Huidobro
La sentencia de un cuerpo
vence la apatía de los dioses.
Cuerpos dóciles ante la furia de las ondas.
Cuerpos aferrados al morir y resucitar
y ser luego luminosos.
Cuerpos que son árboles, que son mares,
que son tierra humedecida
que son clamor y ausencia,
que avanzan en el viento
y lloran y reclaman millones de veces
el camino de vuelta
porque nunca pierden la memoria.
Cuerpos-espíritus que se elevan
desafiando a la muerte
como una lumbre
sin tregua.
Nosotros les damos a los cuerpos sus alas.
LUNA DE MIEL
Recuerdo aquella nube rosa
con que nos tapábamos las piernas
mientras olíamos una a una
las cálidas metáforas
y rimábamos con los labios
el azúcar de las lenguas
leyendo en alguna parte
que entre nosotros dos la poesía
se toca como
piel celeste.